El ligamento cruzado anterior se trata de un pequeño ligamento situado en el interior de la rodilla. Se llama así porque forma una cruz junto al ligamento cruzado posterior. Ambas estructuras dan estabilidad a la rodilla en sentido anteroposterior y en las rotaciones. Es mucho más frecuente la lesión del ligamento cruzado anterior que la del posterior. Su función es evitar el desplazamiento hacia delante del fémur sobre la tibia.

En la fase aguda se producirá inflamación fisiológica. Habrá que realizar pruebas de imagen tipo Resonancia Magnética Nuclear (RMN) para comprobar el alcance de la lesión.

Si el LCA (ligamento cruzado anterior) está parcialmente roto y no se practica ningún tipo de deporte puede bastar con hacer tratamiento conservador para eliminar las molestias.

Si por otro lado, el alcance es mayor (rotura completa), habrá que plantearse la opción quirúrgica.

Tanto en tratamientos quirúrgicos como sin cirugía, el papel del fisioterapeuta es de vital importancia:

Tratamiento conservador

El fisioterapeuta suele preparar un programa de rehabilitación centrado en potenciar la musculatura, controlar el dolor, favorecer la movilidad de la rodilla y ejercicios de propiocepción que aseguren una recuperación de la estabilidad.

Tratamiento quirúrgico

El papel del fisioterapeuta es igualmente importante tanto en la fase previa a la operación como en la fase posterior:

  • En la fase previa de la operación su objetivo es reducir la inflamación, aumentar el rango de movimientos y fortalecer la musculatura. El objetivo será mejorar los resultados de la intervención.
  • Durante la fase posterior, el papel del fisioterapeuta es el de guiar la recuperación del paciente con un adecuado control del dolor y la inflamación así como llevar a cabo un plan de ejercicios para aumentar la movilidad y la fuerza de forma progresiva durante las semanas y meses posteriores a la intervención. Debe de ser un plan adaptado a las características del paciente, de forma que pueda ir cumpliendo objetivos cada vez más difíciles.

La fisioterapia supone, en ambos casos, el grueso del proceso de tratamiento de la rotura de LCA, pero también es de gran utilidad para prevenir dicha lesión, especialmente mediante ejercicios de propiocepción y de fortalecimiento de la musculatura del miembro inferior que debería integrarse en la rutina de entrenamiento de cualquier modalidad deportiva.

Si tenéis alguna pregunta o duda sobre ello, podéis contactar con nosotras.

Koena Salud.

Fisioterapia, Podología y Nutrición.

Bilbao.

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