En el artículo de esta semana os hablaremos de la factura combinada de tibia y peroné, dos huesos que conforman y dan soporte a la pierna. Pero antes de nada consideramos importante ubicar estos dos huesos en nuestro cuerpo y conocer sus funciones.

  • Tibia y peronéTibia

La tibia y el peroné son los huesos que le dan estructura a la extremidad inferior de la pierna, entre la rodilla y el tobillo. La tibia es el hueso más largo y grueso de los dos, y el que soporta todo el peso de la articulación. En su parte superior, la meseta tibial, se encuentran los platillos tibiales medial y lateral. En la meseta tibial se da el encaje entre los platillos tibiales y los cóndilos femorales para formar la articulación de la rodilla. En la zona próxima a la rodilla, la meseta externa de la tibia encaja con el peroné, más delgado y más corto que la tibia (el peroné no forma parte de la articulación de la rodilla y no soporta el peso de la pantorrilla) y situado en la parte exterior de la pierna. En la parte inferior, ambos huesos vuelven a unirse en la articulación del tobillo.

  • Fractura combinada de tibia y peroné

La fractura combinada de tibia y peroné es una lesión traumática grave, que suele producirse por un fuerte golpe sobre la zona o por un mecanismo de rotación forzada, aunque en ocasiones puede bastar un choque de intensidad moderada para producir la fractura. Otro tipo de fractura que afecta especialmente a la tibia en la zona media y distal es aquella causada por la repetición de contracciones de los músculos de la pierna, llamadas fractura por estrés.

Se trata de una lesión importante, capaz de comprometer el equilibrio interno de todo el cuerpo. Es muy importante rehabilitar adecuadamente las lesiones de este calibre para minimizar las secuelas posteriores y evitar que el cuerpo haga grandes compensaciones a raíz de la lesión.

De media el periodo de restauración de esta lesión es de un par de meses, si bien depende de muchos factores entre aquéllos que se incluyen la ubicación de la lesión, la alineación y la edad del paciente entre otros muchos. Tras la propia lesión, en un primer momento, es importante respetar los periodos de inmovilización y reposo para que el tejido afectado pueda sanar adecuadamente. Sin embargo, esto no quiere decir que no podamos hacer nada durante esta primera fase.

Es especialmente importante mantener en buen estado el resto de la extremidad para que la recuperación sea más rápida y mejor. Por tanto, es recomendable mantener cierta activación de la musculatura de la pierna mediante contracciones isométricas y movimiento de las articulaciones vecinas.

Una vez retirada la inmovilización podremos comenzar con el tratamiento de una forma más lícita. Progresivamente se reestablecerá la movilidad articular del tobillo (y de la rodilla), se normalizará el tono muscular de la pierna, se tratarán las posibles compensaciones que haya podido generar el cuerpo a nivel del pie, rodilla, cadera, pelvis, lumbares, etc.

Finalmente, en la etapa más tardía en la que la movilidad y y las condiciones musculares se hayan recuperado, conviene dedicarle tiempo al trabajo del equilibrio y la propiocepción, ya que estas capacidades suelen verse fuertemente afectadas/alteradas tras un accidente traumático. Para ello debemos incorporar diversos ejercicios que nos ayuden a recuperar la estabilidad en la extremidad completa.

En caso de que hayáis padecido una lesión de este tipo y necesites más información, no dudes en ponerte en contacto con nosotras, estaremos encantadas de ayudarte.

Koena Salud

Bilbao

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